Rainer Maria Rilke - Cartas a un joven poeta "Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Anteriormente les preguntó a otros. Los lleva a las revistas. Los coteja con otros, y se preocupa porque algunas redacciones los rechazan. Entonces (como usted me ha permitido aconsejarlo), le suplico que abandone eso. Usted mira hacia fuera y, es precisamente lo que no debe hacer ahora. Nadie puede aconsejarlo ni ayudarlo, nadie".
sábado, 26 de mayo de 2012
HIJO DE HOMBRE
Correlo al Jesucristo,
para poder andar,
para moverte
y bailar cantando con la boca llena
con los bolsillos repletos.
Correlo a ese perdedor,
vago importante que fabrica vino del mejor
y el mejor siempre es el postrero.
Correlo de la puerta de tu templo,
doblale las muñecas,
que gima,
quitale el látigo de cuero,
volvé a armar las mesas de los cambistas,
la jaula de las palominas,
inclináte con nosotros a juntar
las monedas que se desparramaron,
y dejá nomás que Jairo siga muerto
no mires a su madre
ni escuches a su madre
sobre todo el llanto de su madre
ni a la mujer del flujo de ocho años
ni a Nicodemo sobre ese sicómoro
nada de nada de arrepentimiento.
Qué es eso de devolver lo que se ha robado
dejalo al Jesucristo al pie de la barca
mientras dormís sobre un cabezal
tampoco eches tu red a la derecha,
ni vayas sobre el agua
ni te enojes con el mal tiempo.
Que no hay nada que puedas hacer por vos mismo
Ni por mi,
ni por quien te quita el sueño
Ni por tu enemigo.
Que ya fuiste el que jamás quisiste ser
el que odiás
y saludás cada mañana
cuando te ves en el espejo.
Mírate,
hijo de mil hombres
pobre,
con la cabeza a cuestas
y el corazón en el regazo,
hijo de mil hombres,
atormentado
en pos de los recordatorios
uno, el que te dio la vida
dos, el que te dio la muerte.
Correlos a todos esos Jesucristos
que solo quieren que sonrías cuando abrís la mano
que llores solamente en compañía de otro desdichado.
Leva Cosanovich
Buenos Aires.
miércoles, 25 de abril de 2012
DÉJÀ VU
Desde que estoy acá, siempre sueño que hago mis necesidades en una plaza. En el sueño siento pánico: cómo puedo hacer algo tan privado a la vista de todo el mundo. Sin embargo, mientras estoy acuclillada como una perra evacuando los deshechos de la angustia que me nace en el vientre, conociendo la vergüenza de mi desnudez, de mi desprotección, de mi impotencia ante la tiranía de las tripas, observo con asombro que nadie me mira, algunos chicos juegan trepados a los árboles o a las estatuas, hay otros, a lo lejos, hamacándose; se oye la música de una calesita que no veo y de los chorros cristalinos de una fuente, varias parejas pasan a mi lado mirándose a los ojos y susurrando, mi papá vive y es un viejo leyendo al sol, aletargado, indiferente, como de costumbre, a lo que yo haga. Siempre es igual, nada es nuevo, nada deja de repetirse.
En la celda cuatro, del pabellón seis, del Penal II de Devoto en la que estoy presa de los milicos, no hay puertas entre el baño y la sala común donde veinte minas, de distintas edades y lugares de procedencia, no vemos la hora de volver a ser libres. Sospechamos que la cana le pone un purgante, bastante seguido, a la comida. Hay compañeras que resisten casi hasta reventar esta forma de tormento. Las que más aguantan son, paradójicamente, las que enseguida se quiebran en la tortura y, vaya una a saber por qué mecanismo defensivo, se niegan a entregar esa poca privacidad, ese resto de autoestima que aún les quedan. Desde mi cama, fumando un pucho que intento compartir para ayudarla a relajarse, a la “aguantadora de turno”, pienso con pena que se
añade por su cuenta un sufrimiento y que, al fin de cuentas, es otra victoria para el enemigo. Yo no sufro. En realidad se trata simplemente de un déjá vû y es bella la plaza donde todo es igual, nada es nuevo, nada deja de repetirse.
ANA FOUTEL
jueves, 8 de marzo de 2012
YA QUISIERA
Forzar la entrada
de esta jaula de pájaros
para que no vuelvan.
Poner en claro al sol entre las sombras,
humedad de hongos en nuestra ajada respiración,
asma a ras de las baldosas.
Murmullo último que dejaremos en esta Babilonia
y sea la nostalgia, como volviendo del mar.
Esquilmar el devenir, recinto prohibido
desde tiempo inmemorial a los felices
tomarse las tripas con las manos fuertes
en una carcajada
remojados en lágrimas.
Y que salgan las viudas a la calle,
y aflojen sus botones, a esa hora
en que duerme la desilusión.
Y haya música de júbilo en las plazas.
Doblar las rodillas frente a todo anochecer
abandonando enigmas que no descifraremos:
la vida, algo más que un escupitajo,
más incluso que el estorbo de unos huesos,
un catecismo que no repetiremos.
Rendija de una persiana donde solíamos ver a otros.
Empujar la puerta alta del salón,
la de los goznes aceitados
y descubrir que no era tan pesada.
Saquear con una sonrisa permanente
el pánico
el cilicio del miedo.
Besar la mano que mordimos
besar las manos que nos dieron de comer,
mirarnos fijo en una calavera
que seria nos repita que un día moriremos
que incluso moriremos antes
que nuestra poesía.
de esta jaula de pájaros
para que no vuelvan.
Poner en claro al sol entre las sombras,
humedad de hongos en nuestra ajada respiración,
asma a ras de las baldosas.
Murmullo último que dejaremos en esta Babilonia
y sea la nostalgia, como volviendo del mar.
Esquilmar el devenir, recinto prohibido
desde tiempo inmemorial a los felices
tomarse las tripas con las manos fuertes
en una carcajada
remojados en lágrimas.
Y que salgan las viudas a la calle,
y aflojen sus botones, a esa hora
en que duerme la desilusión.
Y haya música de júbilo en las plazas.
Doblar las rodillas frente a todo anochecer
abandonando enigmas que no descifraremos:
la vida, algo más que un escupitajo,
más incluso que el estorbo de unos huesos,
un catecismo que no repetiremos.
Rendija de una persiana donde solíamos ver a otros.
Empujar la puerta alta del salón,
la de los goznes aceitados
y descubrir que no era tan pesada.
Saquear con una sonrisa permanente
el pánico
el cilicio del miedo.
Besar la mano que mordimos
besar las manos que nos dieron de comer,
mirarnos fijo en una calavera
que seria nos repita que un día moriremos
que incluso moriremos antes
que nuestra poesía.
viernes, 6 de enero de 2012
FRAGMENTOS
En lo real suele estar lo imaginario.
Entonces, se hace aconsejable
unir las partes,
fragmentos que puedan conectarlas.
Una mirada se posa sobre un cuadro.
El hombre está feliz
y sin embargo llora,
esa vida tiene sentido
solo en cierta casa de tal calle.
Únicamente en cierto tiempo.
Recorrerá el camino
como todos,
resbalará también él
sobre su pesimismo.
Desde un punto del techo
con sus miles de ojos simples y complejos
una mosca ve solo dos en sueño,
separados
por agonías personales.
Barrera montañosa en este mundo
de punta a punta
a lo largo de la cama.
Experimentaré la vida todo lo posible
con mi espíritu primitivo.
Igual, no me ilusiono
regresarán los miedos
siempre que baje la guardia.
Cuando logre cerrar los ojos
mimetizados
entre argumentos aprendidos en la infancia.
Ellos son invencibles.
Cautivo de presuntas certezas
declinará mi torre;
el charco ya casi se ha secado.
Era un bello estanque este charco maloliente,
alguna vez ha sido verde esta rama.
El fuego siempre es el olvido,
seca de toda savia o nervadura
estallará como el calor del verano
sin anunciarse
apenas un presagio.
Habrá de sorprendernos
Como la primera helada del invierno.
Casi en pelotas.
Leva Cosanovich.
Entonces, se hace aconsejable
unir las partes,
fragmentos que puedan conectarlas.
Una mirada se posa sobre un cuadro.
El hombre está feliz
y sin embargo llora,
esa vida tiene sentido
solo en cierta casa de tal calle.
Únicamente en cierto tiempo.
Recorrerá el camino
como todos,
resbalará también él
sobre su pesimismo.
Desde un punto del techo
con sus miles de ojos simples y complejos
una mosca ve solo dos en sueño,
separados
por agonías personales.
Barrera montañosa en este mundo
de punta a punta
a lo largo de la cama.
Experimentaré la vida todo lo posible
con mi espíritu primitivo.
Igual, no me ilusiono
regresarán los miedos
siempre que baje la guardia.
Cuando logre cerrar los ojos
mimetizados
entre argumentos aprendidos en la infancia.
Ellos son invencibles.
Cautivo de presuntas certezas
declinará mi torre;
el charco ya casi se ha secado.
Era un bello estanque este charco maloliente,
alguna vez ha sido verde esta rama.
El fuego siempre es el olvido,
seca de toda savia o nervadura
estallará como el calor del verano
sin anunciarse
apenas un presagio.
Habrá de sorprendernos
Como la primera helada del invierno.
Casi en pelotas.
Leva Cosanovich.
DEBILIDAD
Tengo la sensación de llegar tarde otra vez, al mismo sitio,
Cargo mujeres con cien niños en el desierto;
tierra de Caín, prometida por nadie, para mí, en sueños.
Y no se deja alcanzar.
Llevo una fotografía rasgada en el bolsillo,
alguien intuye que falta en ella.
Regateo a diario por nuestras pobres vidas
en este despoblado
como un bandido con la soga al cuello
con un verdugo impávido,
mi actitud más primitiva.
Luces encendidas en la calle
trajes baratos en la vidriera de enfrente.
Y sin embargo…llueve;
una de las maneras que tiene la vida
de afirmar ciertas ausencias
cuando uno está cansado.
Leva Cosanovich.
17 de Noviembre de 2011.
Cargo mujeres con cien niños en el desierto;
tierra de Caín, prometida por nadie, para mí, en sueños.
Y no se deja alcanzar.
Llevo una fotografía rasgada en el bolsillo,
alguien intuye que falta en ella.
Regateo a diario por nuestras pobres vidas
en este despoblado
como un bandido con la soga al cuello
con un verdugo impávido,
mi actitud más primitiva.
Luces encendidas en la calle
trajes baratos en la vidriera de enfrente.
Y sin embargo…llueve;
una de las maneras que tiene la vida
de afirmar ciertas ausencias
cuando uno está cansado.
Leva Cosanovich.
17 de Noviembre de 2011.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
DÚRMITOR. (En Edición)
Estamos trabajando para presentarlo en la FERIA REGIONAL DEL LIBRO en febrero en Chaco. Ojalá lleguemos, en Marzo llegaría a Buenos Aires.
viernes, 2 de diciembre de 2011
MAS VALE MAÑA
La despenadora era una mujer, uno hubiera supuesto que fuera un hombre pero no, "no es necesaria la fuerza", repetía a quien la quisiera escuchar, "solo es práctica".
Había heredado el oficio de su madre muerta en el malón que llegó hasta Azul en el treinta y ocho.
A ella nadie le había preguntado nada, alguien se enfermó de una cosa rara y fue desahuciado por el médico del pueblo: se va a morir, le dijo crudamente a la familia; entonces otro, acordándose, caminó arrastrando las alpargatas tratando de no llegar hasta un rancho del otro lado de los corrales y golpeó fuerte, seguramente los perros ladraron y ella apareció en la puerta de tablas desvencijadas entrecerrando los ojos.
Con toda seguridad hablaron en susurros, la mujer que entra de nuevo en la vivienda y hurga entre los trapos hasta encontrar la capa desteñida con capucha, luego vuelve a salir, ahora con la resignación en la mirada de alguien que por fin entiende algo que nunca ignoró, que había de transitar el camino trazado por alguien superior para las mujeres de su familia que la antecedieron.
Afuera, en medio del polvo levantado por una tropilla que entraba al brete, larga la pregunta como si fuera un trámite: ¿está anoticiado el padre cura? Y el mandadero que asiente: sí,le estaba dando la bendición cuando yo salía.
Luego lo que no sabemos y solo intuimos, porque nadie se tomó el trabajo de registrarlo; de que era la maña no la fuerza heredada su madre muerta en el malón que llegó hasta Azul, las palabras de aliento como un servicio conveniente. Cerrá los ojos, tratá de dormirte che…
Lo puramente especulativo, tal vez la espera de un par de minutos, el rezo aprendido desde niña entre labios, el abrazo de la muerte, el tirón corto y seco, el estertor último, la mano de la despenadora cerrando los ojos que se habían vuelto a abrir sin querer, en la faena.
LEVA COSANOVICH
20 de octubre de 2011
TORNÚ.
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