En lo real suele estar lo imaginario.
Entonces, se hace aconsejable
unir las partes,
fragmentos que puedan conectarlas.
Una mirada se posa sobre un cuadro.
El hombre está feliz
y sin embargo llora,
esa vida tiene sentido
solo en cierta casa de tal calle.
Únicamente en cierto tiempo.
Recorrerá el camino
como todos,
resbalará también él
sobre su pesimismo.
Desde un punto del techo
con sus miles de ojos simples y complejos
una mosca ve solo dos en sueño,
separados
por agonías personales.
Barrera montañosa en este mundo
de punta a punta
a lo largo de la cama.
Experimentaré la vida todo lo posible
con mi espíritu primitivo.
Igual, no me ilusiono
regresarán los miedos
siempre que baje la guardia.
Cuando logre cerrar los ojos
mimetizados
entre argumentos aprendidos en la infancia.
Ellos son invencibles.
Cautivo de presuntas certezas
declinará mi torre;
el charco ya casi se ha secado.
Era un bello estanque este charco maloliente,
alguna vez ha sido verde esta rama.
El fuego siempre es el olvido,
seca de toda savia o nervadura
estallará como el calor del verano
sin anunciarse
apenas un presagio.
Habrá de sorprendernos
Como la primera helada del invierno.
Casi en pelotas.
Leva Cosanovich.
Rainer Maria Rilke - Cartas a un joven poeta "Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Anteriormente les preguntó a otros. Los lleva a las revistas. Los coteja con otros, y se preocupa porque algunas redacciones los rechazan. Entonces (como usted me ha permitido aconsejarlo), le suplico que abandone eso. Usted mira hacia fuera y, es precisamente lo que no debe hacer ahora. Nadie puede aconsejarlo ni ayudarlo, nadie".
viernes, 6 de enero de 2012
DEBILIDAD
Tengo la sensación de llegar tarde otra vez, al mismo sitio,
Cargo mujeres con cien niños en el desierto;
tierra de Caín, prometida por nadie, para mí, en sueños.
Y no se deja alcanzar.
Llevo una fotografía rasgada en el bolsillo,
alguien intuye que falta en ella.
Regateo a diario por nuestras pobres vidas
en este despoblado
como un bandido con la soga al cuello
con un verdugo impávido,
mi actitud más primitiva.
Luces encendidas en la calle
trajes baratos en la vidriera de enfrente.
Y sin embargo…llueve;
una de las maneras que tiene la vida
de afirmar ciertas ausencias
cuando uno está cansado.
Leva Cosanovich.
17 de Noviembre de 2011.
Cargo mujeres con cien niños en el desierto;
tierra de Caín, prometida por nadie, para mí, en sueños.
Y no se deja alcanzar.
Llevo una fotografía rasgada en el bolsillo,
alguien intuye que falta en ella.
Regateo a diario por nuestras pobres vidas
en este despoblado
como un bandido con la soga al cuello
con un verdugo impávido,
mi actitud más primitiva.
Luces encendidas en la calle
trajes baratos en la vidriera de enfrente.
Y sin embargo…llueve;
una de las maneras que tiene la vida
de afirmar ciertas ausencias
cuando uno está cansado.
Leva Cosanovich.
17 de Noviembre de 2011.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
DÚRMITOR. (En Edición)
Estamos trabajando para presentarlo en la FERIA REGIONAL DEL LIBRO en febrero en Chaco. Ojalá lleguemos, en Marzo llegaría a Buenos Aires.
viernes, 2 de diciembre de 2011
MAS VALE MAÑA
La despenadora era una mujer, uno hubiera supuesto que fuera un hombre pero no, "no es necesaria la fuerza", repetía a quien la quisiera escuchar, "solo es práctica".
Había heredado el oficio de su madre muerta en el malón que llegó hasta Azul en el treinta y ocho.
A ella nadie le había preguntado nada, alguien se enfermó de una cosa rara y fue desahuciado por el médico del pueblo: se va a morir, le dijo crudamente a la familia; entonces otro, acordándose, caminó arrastrando las alpargatas tratando de no llegar hasta un rancho del otro lado de los corrales y golpeó fuerte, seguramente los perros ladraron y ella apareció en la puerta de tablas desvencijadas entrecerrando los ojos.
Con toda seguridad hablaron en susurros, la mujer que entra de nuevo en la vivienda y hurga entre los trapos hasta encontrar la capa desteñida con capucha, luego vuelve a salir, ahora con la resignación en la mirada de alguien que por fin entiende algo que nunca ignoró, que había de transitar el camino trazado por alguien superior para las mujeres de su familia que la antecedieron.
Afuera, en medio del polvo levantado por una tropilla que entraba al brete, larga la pregunta como si fuera un trámite: ¿está anoticiado el padre cura? Y el mandadero que asiente: sí,le estaba dando la bendición cuando yo salía.
Luego lo que no sabemos y solo intuimos, porque nadie se tomó el trabajo de registrarlo; de que era la maña no la fuerza heredada su madre muerta en el malón que llegó hasta Azul, las palabras de aliento como un servicio conveniente. Cerrá los ojos, tratá de dormirte che…
Lo puramente especulativo, tal vez la espera de un par de minutos, el rezo aprendido desde niña entre labios, el abrazo de la muerte, el tirón corto y seco, el estertor último, la mano de la despenadora cerrando los ojos que se habían vuelto a abrir sin querer, en la faena.
LEVA COSANOVICH
20 de octubre de 2011
TORNÚ.
lunes, 14 de noviembre de 2011
CAMPO DE FLORES LILAS
Suspiro en este campo de batalla
aquí los hombres se mataron
por razones que pocos recuerdan.
La noche, que no miente
prefigura desde entonces
el vientre de la ballena
que nos ha de tragar un día.
¿Arde aún en los espíritus la herida?
¿Mana todavía el surco que abrió la bayoneta?
La punta del metal se desvió con fuerza sobre el hueso,
a esa hora los hombres eran cadáveres,
no alcanzaban a cerrar sus ojos inauditos.
Larvados de inmundicia
descendían en esta misma tierra
donde hoy crecen las flores.
Ahora procuro recoger mi alma en este mismo sitio
este tiempo distinto.
Trataré de no llorar por los caídos
sonrisas de fotos agrisadas
pero no miento si digo
que podría oír las gárgaras de sangre
sobre el barro que se les fue formando
bajo las tripas.
Vagan afantasmados todavía, con sus alaridos
andan con nosotros
en el miedo que no pudimos sacudirnos,
merodean, como el viento frío.
Leva Cosanovich.
14 de Noviembre de 2011.
V. del P.
aquí los hombres se mataron
por razones que pocos recuerdan.
La noche, que no miente
prefigura desde entonces
el vientre de la ballena
que nos ha de tragar un día.
¿Arde aún en los espíritus la herida?
¿Mana todavía el surco que abrió la bayoneta?
La punta del metal se desvió con fuerza sobre el hueso,
a esa hora los hombres eran cadáveres,
no alcanzaban a cerrar sus ojos inauditos.
Larvados de inmundicia
descendían en esta misma tierra
donde hoy crecen las flores.
Ahora procuro recoger mi alma en este mismo sitio
este tiempo distinto.
Trataré de no llorar por los caídos
sonrisas de fotos agrisadas
pero no miento si digo
que podría oír las gárgaras de sangre
sobre el barro que se les fue formando
bajo las tripas.
Vagan afantasmados todavía, con sus alaridos
andan con nosotros
en el miedo que no pudimos sacudirnos,
merodean, como el viento frío.
Leva Cosanovich.
14 de Noviembre de 2011.
V. del P.
domingo, 13 de noviembre de 2011
REPRESALIA
Esa palabra venía huyendo de mí desde hace días, asomaba a la punta de mi lengua…y nada…yo comencé a odiarla en algún momento, iba y venía, ella le otorgaba la importancia de un comino a mis insomnios, siempre a la búsqueda yo, moderno Ahab con el arpón listo en mi mano derecha, inclinado como un anacoreta en la semi oscuridad y la canoa lista y toda mi tripulación lista...fulano, mengano, todos listos, solo me faltaba ella.
Poco le importó que yo invocara a todos los dioses de mi Panteón personal navegando los mares del hemisferio sur, oscuro poeta de estas latitudes; la palabra nunca vino mordiéndome los labios, jamás llegó.
Vacías están algunas de mis hojas, las mejores, como ametralladas en ese lugar donde ella falta por un loco inservible que vendría a ser yo, con mis ojeras de siempre sobre los anteojitos de leer, levantado bien temprano y el mate a la mano para no dormirme mientras todos duermen.
Por su culpa he decapitado a otra palabra, una parecida, casi igual a la que nunca me llegó.
Tijera en mano, lentamente, con algo de piedad, apuñalé otra vez mis hojas en todos los sitios en que la había escrito hasta dejarlas como un queso gruyere.
Total, nunca estuvo a la altura de las circunstancias.
Leva Cosanovich.
13 de Noviembre de 2011.
V. del P.
Poco le importó que yo invocara a todos los dioses de mi Panteón personal navegando los mares del hemisferio sur, oscuro poeta de estas latitudes; la palabra nunca vino mordiéndome los labios, jamás llegó.
Vacías están algunas de mis hojas, las mejores, como ametralladas en ese lugar donde ella falta por un loco inservible que vendría a ser yo, con mis ojeras de siempre sobre los anteojitos de leer, levantado bien temprano y el mate a la mano para no dormirme mientras todos duermen.
Por su culpa he decapitado a otra palabra, una parecida, casi igual a la que nunca me llegó.
Tijera en mano, lentamente, con algo de piedad, apuñalé otra vez mis hojas en todos los sitios en que la había escrito hasta dejarlas como un queso gruyere.
Total, nunca estuvo a la altura de las circunstancias.
Leva Cosanovich.
13 de Noviembre de 2011.
V. del P.
jueves, 13 de octubre de 2011
LOS CUATRO, EN LA CORNISA (Fragmento del Libro de Poemas: Los Superhéroes también suelen tener cáncer.)
Un minuto de silencio, anoche, tipo tres de la mañana, hora de las lauchas, caminando por una cornisa de tanto no poder dormir, tratando de imitarte, lleno de miedo, tan cerca el cielo y tan lejano, entre gente que sobrevivirá otra vez a la noche y no merece.
Y vos que no querés hablar conmigo ni con nadie, y tu esposa que dice en un mensaje: está muy dolorido, el flaco, el último análisis salió una mierda.
Y mi hija, también, lejos también, enojada conmigo, también, por cosas que algún día podremos sentarnos a arreglarlas…y lo que me pasa también es…nada; nada es demasiado importante ahora, en este minuto.
Y Batman que no saluda a nadie, y Superman que se toma una birra con el Joven Maravilla, haciéndose los distraídos, oyendo a la Bersuit.
…y tu cabeza está llena de ratas…te compraste las acciones de esta farsa…y el tiempo no para…no para…
Y nadie habla, nadie dice nada. Miramos los cuatro para adentro, todos, hacia ningún lado, y pasa el 22 que pasa por Bernal, y no me animo.
Y alguien murmura algo, y nadie dice nada, y pienso en cosas estúpidas, como que daría cualquier cosa para volver a pescar con vos; o en los bolsillos de tu ambo azul, llenos de caramelos.
¿O los traías en tu corazón?
Fácil era ser amado por tu amor, fácil. Uno, solamente tenía que tener déficits, si algo te faltaba, un ojo, una pierna, un abrazo, una palabra, un padre, una madre, un hijo sin espíritu santo incorporado, ahí aparecías, con ese afecto tan material que daba miedo, con tu sonrisa que aflojaba la herrumbre de cualquier tornillo.
Vos, con las manos llenas o vacías, peleado a muerte con la indiferencia, cortando en dos el sandwichito, repartiendo, tocando sobre todo; un hombro, una mano, el pelo, cualquier cosa medio sucia, cualquiera de las cosas que uno suele arrastrar por el barro.
Nadie dice nada, y esta ciudad enorme que no es nuestra, porque es de todos, ciudad violenta, llena de odios, hace silencio abajo, silencio arriba, detrás de los balcones franceses de los copetudos.
Silencio tremendo, detrás de los malvones colorados.
Los únicos que aguantan el invierno y el verano por igual, me dijiste un día…más silencio detrás de toda esa masa impensable de silencios, y nosotros cuatro, desconcertados a más no poder.
Y pateo una maceta y nadie habrá que la alcance antes de que mate a alguno distraído, y chirrían las gomas de un auto lleno de infames que están de parabienes, y todo se está yendo al carajo, y Dios, que justo dejó apagado el celular y se mandó a mudar un par de días.
La pucha, justo ahora.
Leva Cosanovich
17 de mayo de 2011
Bar del Lector.
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