(“A veces me digo que escribiendo esta confesión, haciéndola pública, encontraré algún alivio”.
“MI PADRE”. Guillermo Saccomanno.)
Y qué si se acabaran todos los asombros
y qué si determinados hombres dejaran de encogerse
y uno de esos menguantes fuera nuestro padre.
Y qué si alguna vez desertáramos del trabajo en busca de aventura,
pero nos descubrieran.
O qué si a alguien se le ocurriera un foro sobre precipicios.
(Seguramente iría complacido)
Igual, nada pasaría con el hombre del subsuelo
lugar donde amanezco a veces;
el que no decide con cuál de sus manos tocar el timbre
y en ese deambular se rompe tres costillas.
Justo las tres que uso para perdonar.
(Ignoro si la expresión es la correcta).
Y qué con el viejo que empuja su carrito de compras
o el perro que ronca en la vereda, al lado de la puerta,
como si esperara también él, el cielo de los perros.
Y qué si todos soy yo mismo
en duelo interminable con mi padre.
Qué infausta cosa competir a muerte con un muerto
a mis sesenta y pico.
Tal vez el pobre ande errando en los rincones, pienso
y quiera decirme algunas cosas, cara a cara;
por fin, las cosas que nunca nos dijimos.
De hombre que respira todavía, a padre muerto,
si esto de la muerte fuera, lo definitivo.
LEVA COSANOVICH
11 de diciembre de 2009
Rainer Maria Rilke - Cartas a un joven poeta "Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Anteriormente les preguntó a otros. Los lleva a las revistas. Los coteja con otros, y se preocupa porque algunas redacciones los rechazan. Entonces (como usted me ha permitido aconsejarlo), le suplico que abandone eso. Usted mira hacia fuera y, es precisamente lo que no debe hacer ahora. Nadie puede aconsejarlo ni ayudarlo, nadie".
viernes, 11 de diciembre de 2009
miércoles, 9 de diciembre de 2009
EL INTRUSO (CUENTO BREVE)
Cuatro de Agosto de mil nueve sesenta y seis, todas las tumbas tienen esa fecha, como si a los muertos de ese cementerio se les hubiera ocurrido morirse en un misterioso cataclismo universal y el tiempo se hubiera detenido desde entonces.
Mi mente comenzó a correr por lugares imposibles. No podía ser, alguien debió enterrarlos. ¿Pero quién, y dónde estaban ahora?
El sitio está vacío, y no hay ningún pueblo o caserío cerca, un hueco en la geografía que asusta y duele, tanto que ni siquiera pájaros hay entre el ralo follaje de los pinos, ni rastros de babosas o caracoles que suelen elegir la humedad de las lápidas, ni siquiera viento.
¿Quién? Digo, y me acerco a una tumba que llama mi atención desde el extremo más alejado del predio, una tumba a todas luces nueva, más acá en el tiempo que jamás de los jamases podría ser de aquélla fecha repetida.
Me acerco desde atrás, alcanzo a ver que aún está vacía, está recién pintada, como de apuro, el celeste tiene todavía las aureolas de humedad características de la pintura todavía fresca, sobre la lápida hay una placa de bronce lustroso con mi nombre, la fecha de mi nacimiento y la del fatídico momento en que todos dejaron de existir: Cuatro de Agosto de mil nueve sesenta y seis, pero mi foto, mi foto es antigua, estoy sonriendo con una expresión de verdadera alegría, está bastante borrosa pero no tengo ninguna duda, tendría unos dieci… trato de sacar cuentas con los dedos, pero misteriosamente no logro moverlos……
V. P. – BUENOS AIRES
levacosanovich@hotmail.com
miércoles, 2 de diciembre de 2009
EL HOMBRE ROTO
Desintegrado en mi dualidad,
reconciliado en carne.
Venus de Milo dándome la espalda.
Quién es esa señora grito
esa dama sin manos que me evita
en la habitación.
Cúpulas de San Marcos,
sus pechos suben y bajan
lejos de mis dedos y mi boca abierta,
hundido hasta el cuello en el hormiguero
que alguna vez fueran sábanas.
La más horrible de las muertes
¿O hay algo peor que la apatía?
Estoy roto y lo ignoro
la realidad no se compara
ni se mide contra sueños de niño
(Ese telescopio al revés);
El Demonio nunca apaciguado,
Euménide en actitud de acoso,
asfixiando suavemente con sus manos
mi garganta, hurgándome las culpas.
Allí quedaré
desgarrado hasta mi última piel.
Al apagar la luz, sin saber el día ni la hora
y en competencia con El Creador,
adoptaré una nueva aptitud para este día,
aprenderé a vivir, por lo que veo
recién, el día de mi muerte.
levacosanovich@hotmail.com
sábado, 5 de septiembre de 2009
VIEJOS QUE SE MURIERON DE VIEJOS
Maldito el hombre que no huye del amor.
Suicida. No suele ser lo más inteligente
ir impávido hacia lo recio de las llamas
ver cómo los demás hacen gastos horrorizados
para que uno salve el saco de la chamusquera.
Uno arriesga sus ojos cuando se detienen
un segundo de más en otros ojos.
Sonríe al no recordar un nombre
Idiota que se sabe condenado, pero ríe
y no hace caso a los viejos que lo aleccionan
desde la mala suerte llena de unas copas.
Un día no muy lejano llegará al mismo bar
idéntico sujeto. Más bien será una noche,
sin corbata, entrado en carnes y resquemores
vendrá en busca de unos viejos ya muertos de viejos.
Vendrá desde una casa idéntica a la mía
Los mismos números, rota, la puerta de salida.
Leva Cosanovich
levacosanovich@hotmail.com
Suicida. No suele ser lo más inteligente
ir impávido hacia lo recio de las llamas
ver cómo los demás hacen gastos horrorizados
para que uno salve el saco de la chamusquera.
Uno arriesga sus ojos cuando se detienen
un segundo de más en otros ojos.
Sonríe al no recordar un nombre
Idiota que se sabe condenado, pero ríe
y no hace caso a los viejos que lo aleccionan
desde la mala suerte llena de unas copas.
Un día no muy lejano llegará al mismo bar
idéntico sujeto. Más bien será una noche,
sin corbata, entrado en carnes y resquemores
vendrá en busca de unos viejos ya muertos de viejos.
Vendrá desde una casa idéntica a la mía
Los mismos números, rota, la puerta de salida.
Leva Cosanovich
levacosanovich@hotmail.com
TOBOGANES
Hubo una tarde,
Indivisa, rítmica, sin pantomima.
(Carteles con flechas encontradas
Chismes, para nuestra juventud)
Hubo una tarde,
Sin preguntas y respuestas
Sin sortilegios
No nos escondíamos,
Y una avenida que no tendría fin
Una semana laboral de cinco días
(Tarde de acuarelas, benigna)
Pero también había señales de espejos
Que nos llegaban nítidas.
Hubo también toboganes en el cielo,
Un tiempo antes
De que el sol se apagara sin remedio.
Indivisa, rítmica, sin pantomima.
(Carteles con flechas encontradas
Chismes, para nuestra juventud)
Hubo una tarde,
Sin preguntas y respuestas
Sin sortilegios
No nos escondíamos,
Y una avenida que no tendría fin
Una semana laboral de cinco días
(Tarde de acuarelas, benigna)
Pero también había señales de espejos
Que nos llegaban nítidas.
Hubo también toboganes en el cielo,
Un tiempo antes
De que el sol se apagara sin remedio.
domingo, 2 de agosto de 2009
A CUENTAGOTAS
Vos sos aquél hombre,
el que me sedujo con cosas imposibles,
el que a pesar de vidrios y cerrajes
jamás cesó de llegarse hasta mis sábanas,
el que a fuerza de textos
a tiro de besos por computadora
o por teléfono
iba conmigo,
caminaba al lado
sonreía a cada paso mío;
o me aferraba firme del codo
cuando titubeaba.
Yo borré tu nombre de todos mis papeles
volviéndote invisible para el mundo,
rebatí argumentos que no te favorecían
batallando guerras memorables por tu nombre.
Otras veces me quedé en silencio
cuidando la ropa de los que te apedreaban,
y te santifiqué en la memoria
sin preguntar siquiera
Y oré por vos en la agonía de mi incredulidad,
y oré también por mí.
Cierto sos ahora. Cierto.
(Y lo serás siempre, me parece)
Amor de días, amor lejano,
a cuentagotas, de alguien más que no conozco;
pocas, muy pocas veces, lamentablemente
amor mío.
LEVA COSANOVICH
24 de enero de 2010
BUENOS AIRES
levacosanovich@hotmail.com
el que me sedujo con cosas imposibles,
el que a pesar de vidrios y cerrajes
jamás cesó de llegarse hasta mis sábanas,
el que a fuerza de textos
a tiro de besos por computadora
o por teléfono
iba conmigo,
caminaba al lado
sonreía a cada paso mío;
o me aferraba firme del codo
cuando titubeaba.
Yo borré tu nombre de todos mis papeles
volviéndote invisible para el mundo,
rebatí argumentos que no te favorecían
batallando guerras memorables por tu nombre.
Otras veces me quedé en silencio
cuidando la ropa de los que te apedreaban,
y te santifiqué en la memoria
sin preguntar siquiera
Y oré por vos en la agonía de mi incredulidad,
y oré también por mí.
Cierto sos ahora. Cierto.
(Y lo serás siempre, me parece)
Amor de días, amor lejano,
a cuentagotas, de alguien más que no conozco;
pocas, muy pocas veces, lamentablemente
amor mío.
LEVA COSANOVICH
24 de enero de 2010
BUENOS AIRES
levacosanovich@hotmail.com
sábado, 1 de agosto de 2009

CUEVA DE LAS MANOS
(RÍO PINTURAS 9.350 AÑOS ATRÁS)
Y yo cantaba desde la mañana, me parece.
Desde el barro colorado hasta la cueva.
Llamarán a esto, con el tiempo, Epifanía.
(Se siente bien la fina pasta entre los dedos,
Tal vez, unas rayas en mi rostro un día de estos).
Con el sol ellos se marchan,
en busca de venados, o ramas para el fuego.
Yo no. Siempre fui el mal visto.
Apenas podía ver la pared ansiosa como una hembra.
Poco a poco mis manos. Mi talismán.
Los fuertes escupen cuando paso.
Alrededor del fuego,
alguien mencionó como al pasar
que soy necesario.
levacosanovich@hotmail.com
(RÍO PINTURAS 9.350 AÑOS ATRÁS)
Y yo cantaba desde la mañana, me parece.
Desde el barro colorado hasta la cueva.
Llamarán a esto, con el tiempo, Epifanía.
(Se siente bien la fina pasta entre los dedos,
Tal vez, unas rayas en mi rostro un día de estos).
Con el sol ellos se marchan,
en busca de venados, o ramas para el fuego.
Yo no. Siempre fui el mal visto.
Apenas podía ver la pared ansiosa como una hembra.
Poco a poco mis manos. Mi talismán.
Los fuertes escupen cuando paso.
Alrededor del fuego,
alguien mencionó como al pasar
que soy necesario.
levacosanovich@hotmail.com
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